Psiconeuroinmunología: El Cerebro Digestivo

Científicamente se empieza a considerar al sistema digestivo como nuestro segundo cerebro.

Habitualmente la Neurociencia se dedica más a estudiar al cerebro y la influencia que ejercen las emociones y los pensamientos sobre el resto del organismo, pero cada vez nuevos estudios demuestran que los estados emocionales y los procesos cognitivos están en mayor o menor medida bajo la influencia de este segundo cerebro.

Es el orígen de una nueva corriente de pensamiento clínico, la psiconeuroinmunología, la cual se fundamenta en el estudio de los mecanismos de interacción entre el cerebro y el cuerpo, es decir entre los diferentes sistemas fisiológicos responsables de la homeostásis: el sistema nervioso, el sistema inmune y el sistema endocrino. 

En las paredes del intestino delgado existen amplias redes neuronales, el Sistema Nervioso Entérico. Este sistema entérico no sólo está formado por neuronas que tapizan la mucosa intestinal, sino principalmente por células gliales. El número de neuronas es incluso mayor que en toda la médula espinal. Posee una elevada y autónoma actividad electroquímica neuronal, similar a la actividad cerebral. Estas neuronas también son capaces de sintetizar hormonas, neurotransmisores y otras sustancias químicas. De hecho, producen mayor cantidad de neurotransmisores (acetilcolina, noradrenalina,benzodiacepinas, dopamina, serotonina, péptido intestinal vasoactivo, óxido nítrico…) que a nivel cerebral. Aproximadamente se han descubierto un total de 30 neurotransmisores que son sintetizados por este cerebro digestivo. Con estos datos el nombre de segundo cerebro no se puede considerar una exageración.

Por ejemplo, el 90% de la serotonina total del organismo se sintetiza en el intestino delgado, aunque es a nivel del Sistema Nervioso Periférico donde produce sus principales efectos fisiológicos. Entre ellos un aumento del peristaltismo intestinal, broncoconstricción leve bronquial, vasodilatación arterial, agregación plaquetaria y estimulación de las terminaciones nerviosas nociceptivas (dolor y prurito). 

De la misma forma, un 50% de la dopamina se sintetiza en las paredes intestinales, contribuyendo a nivel periférico en multitud de funciones, como por ejemplo, el aumento de la motilidad intestinal, la modulación de la función cardiaca y del tono vascular (vasodilatación), la regulación de la función renal (aumento de la diuresis, por lo que en su defecto aumenta la retención de líquidos), la inhibición de la liberación de noradrenalina en ganglios simpáticos, la regulación de la inhibición o liberación de adrenalina y noradrenalina a nivel de las glándulas suprarenales, el aumento de la liberación de la insulina, la vasodilatación de los vasos sanguíneos pulmonares, la regulación de la presión intraocular y la modulación de la liberación de la trombina plaquetaria...estudiadas hasta el momento. 

En condiciones normales, a excepción de las benzodiacepinas endógenas (endorfinas y encefalinas), no existe ninguna constatación científica de que estos neurotransmisores atraviesen la barrera hematoencefálica, por lo que no deberían ocasionar ningún efecto a nivel del Sistema Nervioso Central. Sin embargo, cambios en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica, como en casos de estrés crónico, patologías inflamatorias cerebrales o sistémicas que producen un aumento de citoquinas, o alguna forma de transporte o mecanismo fisico-químico de momento no encontrado, permitiría atravaserla y por lo tanto influenciar en las funciones del Sistema Nervioso Central. 

Un descubrimiento inesperado demostró la capacidad de síntesis de benzodiacepinas endógenas  por parte de la microflora intestinal. Estas moléculas como sí son capaces de cruzar la barrera hematoencefálica del Sistema Nervioso Central, ejercen su efecto ansiolítico, miorelajante, somnífero, analgésico, y anticonvulsionante. Las benzodiacepinas endógenas actúan inhibiendo las respuestas de estrés actuando sobre los receptores GABA.

En el tracto gastrointestinal también se han encontrado receptores opiodes, implicados en la analgesia, en la motilidad y secreción intestinal.

Algunos de los neurotransmisores sintetizados por este cerebro digestivo parece ser que juegan un papel importante en algunas enfermedades inflamatorias intestinales, como por ejemplo, el colon irritable, colitis ulcerosas…etc. Se ha comprobado que los niveles inadecuados de serotonina intestinal influyen en la aparición de estas patologías inflamatorias, de la misma manera que lo hace en los casos de fibromialgia y fatiga crónica.

Como se puede observar, estos neurotransmisores no sólo actúan a nivel digestivo, sino que también en la fisiología general del organismo, y probablemente, bajo determinadas circunstancias, incluso en el Sistema Nervioso Central.

Se abre la puerta a la posibilidad de que muchas de las consideradas enfermedades psicosomáticas no sólo puedan tener el orígen en el cerebro sino también en el cerebro digestivo.

Los estudios científicos de Michael Gershon, director del Departamento de Anatomía y Biología celular de la Universidad de Columbia (Nueva York), permiten afirmar la existencia de este segundo cerebro, y ponen de manifiesto una comunicación bidireccional entre el cerebro y este cerebro digestivo.

Los estrechos lazos entre estos dos cerebros empiezan a ser comprendidos por los científicos. Las semejanzas bioquímicas explican la relación entre patologías psíquicas y digestivas.

Por este mismo motivo algunos medicamentos destinados al tratamiento de transtornos mentales o del estado del ánimo afectan al sistema digestivo y viceversa. Por ejemplo, los antidepresivos provocan estreñimiento o diarrea ya que desequilibran los niveles de serotonina.

Independientemente de las probables comunicaciones establecidas a través de los neurotrasmisores sintetizados en el intestino, las informaciones sensitivas del sistema digestivo llegan a núcleos neurovegetativos del tronco cerebral, de aquí al tálamo, centro integrador de todas las informaciones sensitivas, y finalmente al córtex sensitivo. El tálamo a su vez está interconectado con estructuras del sistema límbico, origen de las respuestas emocionales, y también con el hipotálamo, sede de los instintos primarios de supervivencia regulados a través del sistema neurovegetativo y neurohormonal (neuroejes hipotálamo-hipofisarios). Estos centros superiores realizan una modulación inhibitoria o facilitadora descendente sobre las funciones y reflejos digestivos (vómito, defecación…).

Es la base neurofisiológica que nos permite comprender por qué cuando se sufre algún transtorno digestivo (gastroenteritis, estreñimiento crónico…) afecta tanto a nivel emocional y cognitivo. Y refleja la influencia que puede ejercer el cerebro sobre este cerebro digestivo. Son muy frecuentes las somatizaciones viscerales, este cerebro digestivo sufre sus neurosis.

Un bajo estado de ánimo, sin necesidad de llegar a depresión, puede ocasionar falta de apetito, o a la inversa, una ingesta compulsiva, digestiones pesadas, estreñimiento…

Por otro lado personas excesivamente perfeccionistas, controladoras de todo, incluso de sus emociones, pueden desarrollar cuadros de estreñimiento crónico, frecuentemente resistentes a los tratamientos dietéticos.

Por el contrario cualquier experiencia emocional desbordante (miedo, ansiedad, fobia…) que sobrepasa la capacidad del individuo y que produce una pérdida del control emocional y/o mental, suele generar diarreas.

En definitiva, el Sistema Nervioso Central y el propio Sistema Nervioso Entérico pueden producir una Sensibilización del Sistema Nervioso Entérico, ocasionando desequilibrios en los niveles de los neurotransmisores, lo cual facilita la aparición de disfunciones gastrointestinales, patologías inflamatorias intestinales, intolerancias alimentarias, enfermedades autoinmunes (los leucocitos tienen receptores para casi todos los neurotransmisores, especialmente para la serotonina y la dopamina)…etc, así como desequilibrios fisiológicos en otros sistemas orgánicos, como el sistema musculoesquelético, a través de la acetilcolina,  el sistema cardiovascular, a través de la noradrenalina… etc.

La mitad de los pacientes que presentan problemas gastrointestinales no sufren alteraciones anatomopatológicas digestivas, sino que padecen transtornos funcionales gastrointestinales, es decir malfuncionamiento de sus órganos digestivos. Tal y como afirma el Dr. Gershon, debido a que de momento el cerebro digestivo no es tenido en cuenta clínicamente por los médicos como fuente de patologías, no se comprende y se maltrata el sistema gastrointestinal con antiinflamatorios y antibióticos. 

De la misma manera, el Sistema Nervioso Entérico a través de las vías neurovegetativas o de las benzodiacepinas endógenas y, problamente de los otros neurotransmisores, es capaz de influenciar en los estados de ánimo y en la conducta de las personas. Esto explica la frecuente asociación de los problemas digestivos y la ansiedad, la depresión, la irritabilidad, la alteración del sueño…etc

Sin embargo, según el Dr. Mayer el síndrome del colon irritable (dolor, distensión y evacuación irregular), cuya causa es desconocida, podría no estar en el Sistema Nervioso Entérico del sistema digestivo, sino más bien se produciría por un hipersensibilización del sistema límbico, cerebro emocional y también región cerebral donde llegan las sensaciones desagradables del cuerpo. Este neurólogo afirma que estos pacientes padecen en el sistema límbico un umbral perceptivo anormalmente bajo, por lo que estímulos de baja intensidad son percibidos como desagradables, produciendo reacciones psiconeuroinmunohormonales exageradas en el cuerpo.

El Dr. Mayer subraya que curiosamente los pacientes deprimidos o con ansiedad muestran unas alteraciones digestivas similares.

Esta hipersensibilidad del sistema límbico puede estar ocasionada por situaciones de estrés mantenidas, por experiencias físicas o psíquicas desagradables de cierta intensidad que han creado una memoria emocional negativa y un condicionamiento psiconeuroinmunohormonal. Es la base de muchas de las enfermedades de la actualidad (ver artículo patrón corporal disfuncional). 

De todas maneras es indudable la importancia de mantener un ambiente intestinal en óptimas condiciones de salud, ya que es donde reside este sistema nervioso entérico y donde se acaban de fabricar todas las vitaminas, aminoácidos, ácidos grasos esenciales…etc necesarios para que se sinteticen las hormonas, neurotransmisores, enzimas…etc imprescindibles para una correcta función física y mental.

Más estudios científicos, en el campo de la psiconeuroinmunología, son necesarios respecto a la interrelación de estos dos cerebros, al papel que juega la microflora intestinal, la síntesis de neurotransmisores por parte de este Sistema Nervioso Entérico, y la posibilidad de cruzar la barrera hematoencefálica atendiendo a determinadas circunstancias físico-químicas de la misma barrera hematoencefálica o incluso de los neurotransmisores.

 

 

                                                            Juan Manuel Gómez Andrés

                                                    Director clínico Institut Osteopàtic Integral

                                                    (c) 2013. Todos los derechos reservados  

                                                             

 

Bibliografía:

-The Second Brain, Michael Gershon 2003.

-Inteligencia digestive, Irina Matveikova, 2011.

-La importancia del Segundo cerebro, Discovery Salud, nº 147, 2012.

-Principios de Neurociencia, Eric R. Kandel, 4ª ed.