Patrón corporal disfuncional

Desde el punto de vista de la Neurociencia Osteopática Integral, los patrones corporales disfuncionales son patrones contenidos o retenidos en los tejidos (musculoesqueléticos, fasciales y osteomembranosos), en los campos fluídicos anatómicos (campos fluídicos embriológicos del cuerpo) y en los campos bioenergéticos (líneas o ejes de desarrollo embriológico).

Cualquier estructura del cuerpo es un campo fluídico anatómico con una determinada densidad, tensión y actividad físico-química o dinámica inherente. Estos campos fluídicos anatómicos forman parte de los patrones de desarrollo embriológico que generan la forma. Son patrones dinámicos físico-químicos que tienen su principal función durante el desarrollo embriológico, pero continuan su función durante el crecimiento y sobretodo son críticos en el mantenimento, en la normalización y en la reparación de los tejidos. Los ejes embriológicos probablemente establecen líneas de función que dirigen e informan a los patrones de desarrollo embriológico que dan lugar a la creación y organización de los campos fluídicos anatómicos embriológicos, es decir a la forma.

Estos patrones corporales disfuncionales son causados por agentes estresantes físicos, tales como accidentes, sobrecargas deportivas y alteraciones neuromusculares posturales, por agentes estresantes nutricionales, exceso, carencia e intoxicación, en donde incluyo en este último la contaminación medioambiental química y electromagnética, y frecuentemente están asociados a agentes estresantes psicológicos.

La perpetuación de estos patrones corporales disfuncionales dificulta y modifica la expresión inherente de la dinámica o actividad físico-química presente en el cuerpo, tan importante para la salud del individuo. Se produce una reducción de la capacidad autoreparativa y autoreguladora del organismo  (homeostasis).

Los patrones corporales  disfuncionales son producto de nuestras experiencias significativas en la vida, al menos desde la concepción hasta la muerte. Somos nuestras experiencias.

El cuerpo es un continuo de materia, mente  y espíritu, por lo que estos patrones disfuncionales reflejan la totalidad del individuo.

Todavía podemos ir más allá, y decir que la calidad y la dinámica de estos patrones corporales particulares, e incluso sus formas, son una expresión de nuestra individualidad.

Estos patrones corporales disfuncionales se nombran de diferentes maneras, todas ellas manifiestan características; patrón tensional, de resistencia, inercial, de tensión fluídica, de retención de energía, de experiencia, condicionado…etc . Además es importante subrayar que estos patrones pueden afectar a los diferentes niveles de organización corporal: el nivel tisular, el nivel fluídico y el nivel bioenergético, y evidentemente pueden interaccionar entre ellos.

Afrontar situaciones estresantes a nivel físico, mental, emocional y espiritual provoca que los tejidos, los campos fluídicos anatómicos y los campos bioenergéticos se tensen, se compriman y se cierren; mecanismo natural de defensa.

En condiciones normales, una vez pasada la experiencia estresante, estos patrones corporales disfuncionales normalizan su estado de tensión o contracción, su forma y su dinámica. Pero cuando el nivel de salud local o general del paciente es deficitario, su estructura psicológica inestable y, la intensidad, la velocidad y el tiempo de exposición del estímulo estresante sobrepasan la capacidad de adaptación de los tejidos, de los campos fluídicos anatómicos y bioenergéticos del individuo, se crean estos patrones corporales disfuncionales. Se quedan grabados en una zona determinada del cuerpo en forma de reflejos posturales neuromusculares, neurovegetativos, neurohormonales y neuroinmunes.

Es el origen de las disfunciones fisiológicas manifestadas en forma de síntomas (dolor, inflamación, contracturas, digestiones pesadas, diarrea, hinchazón abdominal, cefaleas, tensión y dolor menstrual y premenstrual, mareos, opresión en el pecho, taquicardia, alteraciones del sueño…etc). Con el paso del tiempo, si estas informaciones no son eliminadas, se instaurará la patología (artrosis, hernia discal, ciática, alteraciones posturales, gastritis, migrañas, quistes o pólipos uterinos, cistitis de repetición, artritis reumática…).

La respuesta de cada individuo frente a un agente estresante determinado es específica, al igual que su tratamiento y su proceso de recuperación. La osteopatía no trata enfermedades sino enfermos.

Es de vital importancia remarcar que los agentes estresantes traumáticos, nutricionales, y sobretodo psicológicos, afectan frecuentemente al tejido nervioso del Sistema  Nervioso Central, cerebro y médula espinal. Se producen patrones corporales neurológicos disfuncionales. Son cambios en la organización físico-química del tejido nervioso que modifican el estado de tensión y la dinámica de su campo fluídico anatómico, y que incluso pueden llegar a afectar la función del eje embriológico del propio Sistema Nervioso Central. Todo ello probablemente por dos motivos: una desorganización de su tejido conectivo o de sostén (tensigridad) y/o una desorganización a nivel electroquímico.

Las diferentes regiones medulares y  las estructuras cerebrales en relación con el sistema cognitivo y emocional del individuo, con centros neurovegetativos y hormonales, y con centros que regulan el tono postural pueden hiperexcitarse o hipersensibilizarse. Es el origen de la Sensibilización del Sistema Nervioso Central. Ciertas zonas del Sistema Nervioso Central participan en la creación, en la organización y en la cronificación del  patrón corporal disfuncional. Términos como memoria tisular adquieren un sentido clínico y científico.

La amígdala, el hipotálamo y la hipófisis, el tronco cerebral, el hipocampo, la corteza cingulada anterior, la ínsula anterior y la corteza prefrontal son estructuras cerebrales críticas en la integración y regulación de la respuesta corporal emocional, constituida por reflejos neuromusculares y psiconeuroinmunohormonales.

Según la Neurociencia, las emociones son respuestas fisiológicas automáticas e inconscientes que se experimentan en el cuerpo para permitir la adaptación a las situaciones de estrés y para construir la percepción consciente del sentimiento y generar una conducta.

De igual manera, el tálamo como centro integrador sensitivo. El hipotálamo como jefe de orquesta neurohormonal y neurovegetativo, y sede de los instintos primarios de supervivencia. El tronco cerebral como centro neurovegetativo y donde el sistema reticular activador e inhibidor del Sistema Nervioso Central ejerce su máxima acción son estructuras cerebrales críticas en la comprensión global del patrón corporal disfuncional.

Y sin olvidarnos de la médula espinal, centro de relevo del Sistema Nervioso Periférico, y por lo tanto punto de unión y continuidad entre los patrones corporales neurológicos disfuncionales y los patrones corporales disfuncionales.

En presencia de estímulos estresantes excesivos o mantenidos en el tiempo se originan estos patrones corporales neurológicos disfuncionales en ciertas regiones del Sistema Nervioso Central. El individuo sufre una Sensibilización  del Sistema Nervioso Central. Es una hiperexcitación del Sistema Nervioso Central que produce modificaciones físicas y bioquímicas que se manifiestan en forma de cambios de densidad y tensión en los tejidos, en los campos fluídicos anatómicos y en su campo bioenergético (ejes embriológicos). Por lo que la actividad electroquímica del campo fluídico del tejido nervioso, y por lo tanto su dinámica inherente quedará afectada.

Todo ello conforma una serie de aspectos y cualidades biofísicas que pueden ser detectados por unas manos experimentadas y sensibles, y un sistema perceptivo entrenado para ello.

La Sensibilización del Sistema Nervioso Central puede ser una sensibilización parcial, cuando afecta a algunas regiones anatómicas y a sus núcleos o centros nerviosos, o una sensibilización total, cuando afecta de forma general a los neuroejes hormonales del Sistema Nervioso Central.

Esta es la base neurológica del dolor crónico y de los reflejos condicionados, tanto de los conductuales como de los fisiológicos y orgánicos.

La formación de patrones corporales neurológicos disfuncionales facilitan la hiperexcitación de ciertas vías neurológicas y la creación de nuevas redes o conexiones neurales (neuroplasticidad) que provocan respuestas condicionadas psiconeuroinmunohormonales, neuromusculares y/o de dolor crónico. Es la base neurofisiopatológica de muchas enfermedades de la actualidad.

La medicina y la neurociencia reconocen la interacción entre el cuerpo y la mente. Admiten que las emociones, sentimientos, pensamientos e incluso la personalidad ocasionan un gran impacto en el funcionamiento y en la salud de las células del cuerpo (neurobiología de las emociones). Es el inicio de un cambio de paradigma en la medicina, es la aceptación de que muchas enfermedades son causadas o pueden agravarse por el estrés psicológico. En los próximos años a medida que se vaya adquiriendo más conocimiento científico sobre el funcionamiento del cerebro se irá instaurando progresivamente en la práctica clínica diaria.

Enfermedades cardiovasculares como la hipertensión arterial y la colesterolemia; enfermedades digestivas como las gastritis crónicas, úlceras, infecciones por Helicobacter pylori, incluso las hernias de hiato, colon irritable…; enfermedades metabólicas como la diabetes tipo II…; enfermedades inmunológicas como las alergias, dermatitis atópica, psoriasis, artritis reumáticas, infecciones de repetición, hipo e hipertiroidismo autoinmune y quizás la diabetes tipo I…; enfermedades hormonales como desarreglos menstruales, miomas, ovarios poliquísticos, infertilidad femenina, disminución de la líbido, disfunción eréctil, enfermedades tiroideas, insomnio…; enfermedades conductuales como la ansiedad y la depresión; enfermedades neurodegenerativas como las demencias cognitivas y seguramente Alzheimer y Parkinson; desequilibrios de los reflejos neuromusculares posturales como las alteraciones de la estática postural, la escoliosis idiopática juvenil; fibromialgia y fatiga crónica tienen todas ellas un sustrato neuropatológico importante.

Añadir que a nivel conductual estas respuestas condicionadas se originan a un nivel subconsciente o subcortical y entran a formar parte de la conciencia del yo, a través de la consolidación de la memoria ejecutada por el hipocampo. El individuo se identifica con ellas. Experimenta la realidad influenciado por los patrones conductuales que lo alejan de su originalidad como ser.

Indudablemente una vez llegado a este punto, se pone de manifiesto la importancia que puede tener el aspecto cognitivo y emocional en la programación y en la desprogramación de un patrón corporal disfuncional. Sin embargo, después de todo el conocimiento académico adquirido como osteópata, en la habilidad de comprender el lenguaje del cuerpo y su modelaje, como neurocientífico  en relación con la neuroanatomía, neurofisiología y neuropatología, y asociado a toda una experiencia clínica y científica en el campo de la neurofisiología y neurobiología del estrés, he descubierto la importancia clínica de desprogramar manualmente estos patrones corporales neurológicos disfuncionales que están manteniendo en el tiempo a los patrones corporales disfuncionales.

De hecho muchos de los tratamientos farmacológicos, de fisioterapia, psicológicos, dietéticos, homeopáticos, de acupuntura…etc, incluso de osteopatía tradicional no funcionan o no son estables en el tiempo porque no se ha sabido diagnosticar y tratar una sensibilización central.

El concepto de patrón corporal disfuncional es mucho más amplio y complejo que la noción de disfunción osteopática que utiliza la osteopatía tradicional. Este nuevo planteamiento clínico osteopático posibilita que el concepto de unidad y globalidad en el cuerpo, pase de ser empírico a ser científico.

La Neurociencia Osteopática Integral abre las puertas a una mejor comprensión del funcionamiento estructural y fisiológico del cuerpo, y por lo tanto, facilita la aplicación de un tratamiento terapéutico manual que permite dar un salto cualitativo en la eficacia y resolución de muchos de los problemas de salud que sufren las personas.

Un patrón corporal disfuncional está definido por 3 características principales:

  • Forma. Es el contorno, los límites, el espacio que ocupa el patrón. Es la figura que se crea entre nuestras manos, que contiene al tejido, al fluído y a la bioenergía. Por ejemplo un patrón torsionado, lineal, curvo, asimétrico…etc.
  • Cualidad. Es la cualidad tisular del patrón. Los tejidos, los campos fluídicos anatómicos y los campos bioenergéticos pueden manifestar cualidades de tensión, vibración, densidad, dureza, resistencia, compresión, tirantez, congestión, condensación, fuerza, debilidad, vacío, luminosidad, oscuridad, temblor, quietud, frío, calor, humedad, sequedad…

También puede manifestar colores, emociones, olores…

Todas estas cualidades están en relación con el patrón corporal disfuncional específico de cada paciente, pero también con el sistema perceptivo del terapeuta. Cada sistema perceptivo capta mejor ciertas cualidades que otras de forma natural.

  • Dinámica. Los tejidos, los campos fluídicos y bioenergéticos de un patrón corporal disfuncional expresan su dinámica y su actividad físico-química específica. La dinámica que el patrón adopta lo hace en dirección de la facilidad, y está en relación recíproca con su forma. Esta dinámica es directamente proporcional a la resistencia físico-química de los tejidos y de los campos anatómicos fluídicos. El patrón corporal disfuncional está organizado y mantenido por su fulcrum corporal disfuncional, por lo que éste determina su dinámica particular.

 

 

                                                    Juan Manuel Gómez Andrés

                                          Director Clínico Institut Osteopàtic Integral