El intestino, el gran olvidado

 

La medicina tradicional preventivamente insiste en la importancia de cuidar nuestro corazón y arterias, y nuestros pulmones.

Las investigaciones en neurociencia ponen de manifiesto, cada vez de una forma más rotunda, la importancia del Sistema Nervioso en el mantenimiento de la salud general del organismo.

Sin embargo, poco es valorado nuestro Sistema Digestivo, y en particular nuestros intestinos, a pesar de la gran cantidad de investigaciones que demuestran su implicación en procesos fisiológicos vitales para la prevención de muchas enfermedades. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de un 30% de los cánceres y muchas de las enfermedades metabólicas (diabetes, hipertensión, colesterol…) se podrían prevenir con una alimentación adecuada.

El sistema intestinal está cubierto de una mucosa que tiene funciones extremadamente importantes para la salud del individuo:

-          En el intestino delgado se encarga de la absorción de nutrientes, de la producción de enzimas digestivas (lactasa…) y metabólicas (DAO…), y destacar su papel en el control inmunológico, ya que actúa como la barrera de defensa más importante contra las infecciones y desarrollo de algunas enfermedades.

-          En el intestino grueso se encarga de la absorción del agua y otras sustancias químicas, la eliminación de productos tóxicos y sobrantes (hierro, calcio, colesterol…etc), y de la secreción de mucina que lubrifica la pared intestinal para facilitar la expulsión de las heces.

Por lo tanto, la mucosa intestinal tiene cierta permeabilidad, pero a su vez está preparada para no permitir el paso de sustancias que serían dañinas para el organismo.

Sin embargo, la mala alimentación (dieta proinflamatoria, poca masticación…), el déficit de ácido clorídrico y enzimas digestivas (déficit de nutrientes, estrés...), los hábitos tóxicos (alcohol, medicamentos…), el desequilibrio de la flora intestinal, el estrés y las intolerancias alimentarias (gluten, lactosa, histamina…), son factores que contribuyen en la génesis de las enfermedades intestinales inflamatorias (colon irritable, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa), que acabarán dañando a la mucosa intestinal.

Se produce una inflamación de la mucosa y una alteración de la microflora intestinal, ocasionando un cuadro de inflamación intestinal crónica.  Las funciones de la mucosa se ven alteradas, por lo que entre otras cosas, se afectará a la síntesis de enzimas digestivas  (lactasa→intolerancia a la lactosa…) y de enzimas metabólicas (DAO→intolerancia a la histamina o histaminosis), produciendo un empeoramiento de las intolerancias alimentarias, así como un aumento de la histamina intestinal, lo cual favorecerá los procesos inflamatorios intestinales.

Con el tiempo si persisten estas condiciones, se instaura un intestino permeable.

Este exceso de permeabilidad intestinal puede permitir la entrada de ciertas sustancias (pesticidas, metales pesados, histamina, bacterias, levaduras…, y otros productos tóxicos), produciendo una toxemia intestinal. Estas sustancias atraviesan la mucosa intestinal, aprovechando su permeabilidad debido al daño sufrido, y pasan al torrente sanguíneo, produciendo transtornos psiconeuroinmunohormonales.

Muchas sustancias tóxicas y químicas tienen estructuras moleculares similares a hormonas y/o neurotransmisores. Además, el exceso de histamina en sangre favorece la sensibilización del sistema inmunológico, facilitando la aparición de reacciones alérgicas y/o reacciones autoinmunes en el resto del cuerpo.

Antes de que se produzca esta afectación sistémica, el hígado intenta eliminar estas toxinas. Pero si la carga tóxica es elevada, lo único que podrá hacer temporalmente es acumularlas en su tejido hepático o en el tejido graso.

Existen muchos estudios sobre la relación entre la elevada permeabilidad intestinal y  determinadas enfermedades. Actualmente esta toxemia intestinal es considerada una de las causas de muchos de los transtornos y enfermedades más frecuentes que sufre la población:  migrañas, alergias respiratorias (rinitis, crisis asmáticas, bronquitis), psoriasis, dermatitis atópica, desarreglos menstruales, infertilidad, endometriosis, enfermedades metabólicas, inflamaciones crónicas músculoesqueleticas (fibromialgia y fatiga crónica), trantornos neurológicos neurodegenerativos (neurotoxinas), transtornos del comportamiento, irritabilidad, insomnio, palpitaciones…( interferencia con neurotransmisores).

Si la permeabilidad excesiva de la mucosa se mantiene en el tiempo, se puede producir una hipersensibilización del sistema inmunológico, generando reacciones autoinmunes exageradas. Pueden aparecer nuevas intolerancias alimentarias, debido a la reacción inflamatoria inmune contra los alimentos poco digeridos que atraviesan la mucosa (creación de una nueva memoria inmunológica), pueden facilitarse las enfermedades autoinmunes crónicas y degenerativas (Tiroiditis de Hashimoto, Hepatitis autoinmunes, Diabetes tipo I, Psoriasis, Dermatomiositis, Artritis reumatoide, Esclerosis múltiple, Lupus eritematoso…).

Remarcar que el propio desequilibrio de la microflora intestinal también contribuye a la génesis de muchos transtornos y enfermedades. La microflora intestinal del intestino grueso está formada por billones de bacterias, hongos, levaduras, virus y parásitos. Esta fauna intestinal tiene como función principal producir la fermentación de los sustratos no digeribles, generando una elevada actividad digestiva y enzimática que influye intensamente en la fisiología intestinal y del organismo.

La microflora intestinal puede ser equilibrada, es decir compuesta por bacterias y microorganismos generados mayoritariamente a partir de materia vegetal. Es la que se considera beneficiosa para salud de la mucosa del intestino grueso.

Los principales efectos beneficiosos de la microflora intestinal equilibrada son:

1. Produce la fermentación de los residuos proteicos vegetales, de carbohidratos, y de las fibras que llegan al intestino grueso, produciendo una adecuada nutrición de la mucosa, favoreciendo todas sus funciones (secreción de mucina y efecto barrera del epitelio intestinal). 

2. Interviene en la síntesis de las vitaminas A, B, K y E.

3. Inhibe el crecimiento de las células tumorales debido a una inhibición de la activación de mutágenos y carcinógenos.

4. Limita el crecimiento y la colonización de las bacterias potencialmente patógenas, compitiendo por los sitios de adhesión de la mucosa intestinal.

5. Contribuye a la mejora de la respuesta inmune innata (macrófagos y linfocitos T efectores) y adquirida (linfocitos B→Ig). Aumentan la actividad de los macrófagos y la producción de sustancias antimicrobianas de amplio espectro. Especialmente las inmunoglobulinas A, que forman la primera línea de defensa inmunológica en todas las mucosas del organismo.

6. Algunos ácidos secretados por estos microorganismos bajan el pH intestinal por debajo del nivel que toleran las bacterias patógenas.

La microflora intestinal equilibrada es el estímulo más importante en el desarrollo y maduración del sistema inmune.

Por lo que mantener un buen estado de la microflora intestinal puede ser muy relevante para prevenir patologías infecciosas gastrointestinales (Helicobacter pylori, gastroenteritis…) respiratorias (resfriados, amigdalitis, otitis, bronquitis…) urinarias (cistitis…), genitales (cándidas…), en patología tumoral (cáncer de colon…) y en patologías alérgicas (eccema atópico, alergias respiratorias, intolerancias alimentarias…).

7. Disminuye la respuesta inflamatoria intestinal (disminución de la producción de citoquinas proinflamatorias, e inducción de los linfocitos T reguladores que tienen un efecto inhibitorio sobre las respuestas inflamatorias y un efecto de prevención de la sensibilización a los alergógenos) en casos de colitis, síndrome del intestino irritable, intolerancias alimentarias.

8. Interviene en la regulación del metabolismo hepático de la glucosa, la respuesta de la insulina y en los niveles de colesterol. Debido a la producción de ácidos o sustancias químicas durante el proceso de fermentación por parte de la microflora intestinal equilibrada.

9.Favorece la absorción de los minerales  hierro, calcio y magnesio gracias a la fermentación de los carbohidratos. Efecto a tener en cuenta en pacientes con anemia ferropénicas y osteoporosis.

9.Estimula el crecimiento y la diferenciación de las células de la mucosa intestinal, por lo que inducen la reparación de la permeabilidad.

La microflora intestinal también puede ser desequilibrada, formada por bacterias patógenas que se nutren y proliferan a partir de proteína animal. Son bacterias intestinales muy nocivas que compiten agresivamente por colonizar el ecosistema intestinal, principalmente por los sitios de adhesión del epitelio intestinal, produciendo daños y procesos inflamatorios en la mucosa intestinal que van a ocasionar un transtorno de la permeabilidad intestinal. Provocan un exceso de putrefacción de los residuos proteicos de origen animal, los cuales generan productos tóxicos y gases muy nocivos (índol, escatol, gas metano, dióxido de carbono…) para el intestino grueso y para el organismo en general. Este desequilibrio de la microflora intestinal mantenido en el tiempo,  también puede generar una toxicidad corporal que puede inducir el desarrollo de enfermedades sistémicas alérgicas, autoinmunes, metabólicas, hormonales…etc

Estos productos tóxicos no sólo producen inflamación de la mucosa, sino que algunos de ellos son considerados carcinógenos. Cuanto más lento sea el tránsito intestinal, asociado a una mayor ingesta de proteínas de origen animal, y menor de fibras, más fuerza tendrá el proceso de putrefacción.

Las sustancias y gases tóxicos junto con el aumento de células proinflamatorias (citoquinas) favorecen la aparición de enfermedades inflamatorias digestivas. Esta circunstancia contribuye en el tiempo al desarrollo de pólipos intestinales debido a una proliferación descontrolada de las células epiteliales intestinales, y la aparición de un cáncer de colon debido a mutaciones genéticas.

Este desequilibrio también puede ser ocasionado por hongos, levaduras y parásitos, microorganismos que se desarrollan y proliferan a partir de residuos de azúcares y carbohidratos en general. La levadura más conocida es la Cándida Albicans. La candidiasis crónica que afecta a una zona determinada del cuerpo (vagina, boca, uñas…) tiene bastantes posibilidades de originarse en el intestino grueso. La fermentación excesiva de los azúcares produce una mayor proliferación de esta levadura, que es capaz de generar grandes cantidades de gases y sustancias tóxicas, como el acetildehido, responsable del daño y la inflamación de la mucosa intestinal, así como de la mayoría de síntomas en el resto del cuerpo (Cefalea y/o migraña, cansancio, dolor y/o inflamación en las articulaciones, alergias, infecciones recidivantes, acidez de estómago, ronchas o llagas en la boca, picor anal y/o vaginal, sensación de quemazón al orinar, desequilibrios menstruales…)

Por estos motivos, el mantenimiento de una microflora intestinal equilibrada es vital para prevenir el desarrollo de muchas enfermedades.

Los síntomas más comunes que nos hacen pensar en una microflora intestinal desequilibrada son: hinchazón abdominal, gases, estreñimiento, heces malolientes y oscuras, halitosis y cansancio.

Dado la importancia de un tránsito intestinal adecuado (mínimo de 24-36h) para prevenir la putrefacción excesiva, y así conservar una microflora intestinal equilibrada,  se tienen que tener en cuenta los siguientes factores que intervienen negativamente: una  alimentación proinflamatoria (ver anexo) pobre en fibras, poca ingesta de agua, sedentarismo, desequilibrios hormonales y mala adaptación mental y emocional (sensibilización del sistema nervioso entérico).

Desde el punto de vista clásico de la osteopatía, la inflamación y la toxicidad intestinal producen una irritación de las terminaciones nerviosas que inervan la pared intestinal. Estos impulsos nerviosos son transmitidos hasta los segmentos medulares correspondientes. Con lo que las estructuras y los órganos asociados a dichos segmentos medulares se ven también perjudicados en su función. Un tanto por ciento elevado de las lumbalgias, ciatalgias, dolores y congestiones pélvicas, disfunción de órganos lumbopélvicos…etc pueden ser ocasionados por unos intestinos no sanos.

Como se puede observar, la salud intestinal es un factor clave en la salud general del organismo.

Desde el punto de vista terapéutico, la detoxificación y  la reparación de la mucosa intestinal, la normalización del tránsito intestinal, y el mantenimiento y la recuperación del equilibrio de la microflora es un elemento primordial. A través de la dieta (ver anexo), con la ayuda de suplementos dietéticos, y mediante un tratamiento osteopático especializado en la desensibilización del SNC y del sistema digestivo se puede alcanzar este propósito.

El consumo de fibra no digerible, los prebióticos, inducen la proliferación y la actividad de la microflora intestinal beneficiosa. Son carbohidratos no digeribles que aportan energía y nutren a las células de la pared intestinal, por lo que colaboran en la regeneración de la mucosa dañada. El prebiótico más conocido es la inulina (ver anexo). 

Los suplementos de bacterias vivas, conocidos como probióticos, contienen una proporción muy elevada de estos microorganismos beneficiosos, lo cual asegura su llegada al intestino grueso y una competencia eficaz contra las bacterias patógenas.

 

 

 

ANEXO:

 

Dieta acidificante proinflamatoria: Todos los alimentos acidificantes del organismo (ph inferior a 7.3), como la carne (especialmente carne roja), embutidos, mantequilla, productos elaborados con trigo o cualquier cereal que contenga gluten (pan, pasta, pizzas…), lácteos y derivados, azúcares, bebidas azucaradas, alimentos procesados (precocinados o en conserva), cacahuetes, avellanas, café, alcohol, nicotina…y sobretodo el estrés!!!!!!!

 

 

Dieta histamínica: Embutidos, patés, carne cerdo, lácteos y derivados, quesos curados, soja y derivados, pescado congelado, marisco, alimentos en conserva (atún, anchoas, sardinas…), conservantes y aditivos en general, alcohol, vino, cerveza, vinagre, azúcares, cereales (trigo, avena, centeno, cebada), clara de huevo, chocolate, espinacas, acelgas, tomates maduros, col fermentada, berenjena, cítricos (naranja+++), fresa, plátano, piña, kiwi, aguacate, nueces, almendras, cacahuetes.

Como norma general todos los alimentos en mal estado y fermentados tienen un alto contenido en histamina.

Se aconseja no mezclar la fruta con otros alimentos, ya que el azúcar de las frutas se fermentará mucho más y se creará alcohol. Es conveniente dejar un espacio de 40´ mínimo, antes o después de las comidas principales.

Y no olvidar nunca que el estrés es uno de los factores más importantes en la sensibilización de la vía de la histamina.

 

 

Dieta anti-candidiasis: Evitar azúcares (bollería, chocolate, helados, refrescos, miel, edulcorantes…), alimentos con levadura (pan, pasta, pizzas…), productos fermentados (alcohol, cerveza, vino, vinagre, salsas, derivados de soja…), productos lácteos, fruta natural y seca, champiñones y setas, patatas, calabaza y boniatos (exceso azúcar), alimentos en conserva, cacahuetes y pistachos, y aléjate del estrés (↓sistema inmune).

 

 

Dieta prebiótica: Alimentos ricos en fibras solubles, como alcachofa, espárrago, puerro, cebolla, ajo, coles, brócoli, remolacha, rábanos, nabos, legumbres, plátano verde, manzana, higos, ciruelas y frutos secos. Aloe vera,  vinagre de manzana, semillas de plantago y lino (dejar en remojo la noche anterior para liberar mucílagos y las sustancias nutritivas para el epitelio intestinal, y tomar en ayunas).

 

 

Dieta probiótica: Alimentos lácteos fermentados naturalmente (sin pasteurización), como yogures, cuajada, quesos frescos y kéfir, miso, tempeh, chucrut y algas.

La piña y la papaya contienen enzimas proteolíticas, bromelina y papaína respectivamente, que ayudan a digerir las toxinas del intestino.

 

 

 

                                           Juan Manuel Gómez Andrés

                                           Director Clínico Institut Osteopàtic Integral

                                           (c) 2013. Todos los derechos reservados

                                                                                 

* Bibliografía:

-Inteligencia digestiva. Irina Matveikova. 2011. www.conceptosholisticos.com

-Nutrición ortomolecular. Cala H. Cervera 2000. www.calacervera.com

- www.who.int

-Recopilación de trabajos científicos y referencias. Dr. Manuel Amatriain Elcinto.