¿Son beneficiosas las grasas?

La mayoría de la población respondería a esta pregunta con un No. Y nada más lejos de la realidad, porque algunas grasas son totalmente beneficiosas para la salud. Por lo que es necesario conocer qué grasas son buenas para la salud y cuáles predisponen a la enfermedad.

En general las grasas en el organismo desempeñan diferentes funciones, entre las que destacan las siguientes:

  • Son la mayor fuente de energía.
  • Papel como aislante térmico.
  • Forman parte de las membranas celulares (importante papel tanto en la estabilidad estructural como en la comunicación celular).
  • Son la base de las hormonas esteroideas ( aldosterona, cortisol y hormonas sexuales), de la vitamina A y del colesterol.

 

Las grasas más abundantes en la dieta y en el organismo son los triglicéridos, los cuales están formados por 3 moléculas de ácidos grasos. Existen dos tipos de ácidos grasos: ácidos grasos saturados y ácidos grasos no saturados.

Los ácidos grasos saturados se encuentran en todo tipo de grasas, pero son más abundantes en las grasas de origen animal, como la carne roja, los productos lácteos, la mantequilla… También existen en los vegetales como en el coco, cacahuete… El cuerpo utiliza este tipo de ácidos grasos saturados para producir energía. Los ácidos grasos saturados de cadena larga tienen mayor tendencia a agregarse, y por lo tanto más facilidad para depositarse en las arterias, órganos y células, ocasionando multitud problemas de salud, desde la alteración de la función hepática (hígado graso), hasta transtornos cardiovasculares, endocrinos, neurológicos e inmunológicos, donde la inflamación es un eslabón común. Los ácidos grasos de cadena larga son las carnes rojas, los productos lácteos y toda grasa de origen animal (embutidos, patés…).

Existen 2 grandes familias dentro de los ácidos grasos no saturados: los ácidos grasos monoinsaturados y los ácidos grasos poliinsaturados.

Los ácidos grasos monoinsaturados contienen un buen equilibrio entre la proporción de grasas saturadas y poliinsaturadas. Esto les convierte en grasas óptimas para la salud. Uno de sus principales efectos es el de reducir el colesterol malo (LDL) que es el encargado de transportar las grasas a las células, produciendo un efecto nocivo sobre las arterias (arterosclerosis). El colesterol bueno (HDL) se encarga de transportar las grasas de las células al hígado, para ser eliminadas por las vías biliares.

A los ácidos grasos poliinsaturados se les llama ácidos grasos esenciales debido a que el propio organismo no puede sintetizarlos y debe incorporarlos en la dieta, y además por ser tan beneficiosos para la salud. Dentro de esta familia de grasas poliinsaturadas, se destacan los ácidos grasos Omega 6 y Omega 3. Estos ácidos grasos poliinsaturados una vez metabolizados se transforman en prostaglandinas PG1 y PG3 respectivamente, moléculas con efectos muy positivos para nuestra salud.

Debido a que los Omega 6 pueden transformarse en  prostaglandinas PG2 (proinflamatorias, protrombóticas y prohipertensivas), se consideran a los Omega 3 como ácidos grasos poliinsaturados más saludables. Los Omega 3 tienen un efecto antiinflamatorio más potente, y si son ricos en moléculas de ácidos grasos DHA (Docosapentaenoico) tienen un efecto más específico sobre el sistema nervioso.

Los ácidos grasos Omega 3  son absolutamente imprescindibles para mantener una buena salud. Como se ha comentado antes, una vez metabolizados se transforman en prostaglandinas, concretamente en prostaglandinas PG3, moléculas que están implicadas en muchas funciones importantes para el organismo:

- Disminuyen la TA, el colesterol (LDL) y los triglicéridos, y producen vasodilatación, por lo que reducen el riesgo de  patologías cardiovasculares, favorece la función cardiaca normal y protege de la muerte súbita post-infarto.

- Regulan la tensión ocular, por lo que previenen problemas de la visión. Además la concentración de ácidos grasos DHA en los bastones de la retina es muy elevada.

- Regulan la respuesta antiinflamatoria y dolorosa, evitando procesos inflamatorios severos y largos en el tiempo de articulaciones y tendones, así como en otros órganos, eczemas, alergias respiratorias, colitis, diabetes...

- Efecto sobre el sistema nervioso ya que la mayor concentración de ácidos grasos DHA del organismo se encuentra en el cerebro. La suplementación de Omega 3 DHA  activa las conexiones neuronales y el metabolismo de los neurotransmisores, por lo que producen una mejora de la comunicación nerviosa. Los omegas 3 ricos en DHA previenen las demencias relacionadas con la edad y mejoran la capacidad de aprendizaje y memoria, previenen o mejoran los estados depresivos, mejoran las parestesias (hormigueos) de las extremidades de origen bioquímico y contribuyen a la recuperación de las de origen compresivo, además favorecen la recuperación post-infarto cerebral agudo. Algunos estudios concluyen resultados favorables en los transtornos de hiperactividad y déficit de atención (THDA), así como en el desarrollo del potencial físico e intelectual del niño. Y si es administrado en el último trimestre del embarazo y durante la lactancia favorece el desarrollo normal cerebral del feto y del bebé lactante  y previene la depresión postparto de la madre.

- Mejoran la función del sistema inmunológico, sobretodo en el periodo neonatal y la infancia.

- Favorecen el metabolismo celular (flujo de sustancias dentro y fuera de las células) y se encargan de movilizar las grasas saturadas, por lo que regulan el sobrepeso.

- Proporcionan el doble de energía que los hidratos de carbono, por lo que combaten el cansancio, la debilidad.

- Regulan la división celular, por lo que pueden prevenir el desarrollo de algunos tumores.

- Ayudan que la insulina sea más efectiva, por lo que contribuyen a mantener unos niveles de glucemia adecuados.

- Regulan el metabolismo del calcio.

- Favorecen la producción de esteroides (andrógenos y estrógenos…), de ahí su importancia en desarreglos menstruales, abortos espontáneos en las mujeres, esterilidad en hombres…

- Efecto anticoagulante y antitrombótico (reducen la formación de plaquetas y trombos).

- Mejoran la hidratación de la piel, evitando sequedades y envejecimiento prematuro de la piel.

 

Dieta rica en Omega 3: Vegetales de hoja verde, pescado azul (sardinas, arenques, anchoas, boquerón, trucha, atún, salmón…A tener en cuenta que los pescados grandes son más propensos a tener más acumulación de metales pesados), aceite de lino, productos derivados de la soja, semillas de calabaza, semillas de lino, nueces…

 

Dieta rica en omega 6: Aceite de girasol, aceite de onagra, aceite de borraja, maíz, derivados de la soja, semillas de sésamo, semillas de girasol, semillas de grosella…

 

Dieta rica en ácidos grasos monoinsaturados: Aceite de oliva, almendras, avellanas, cacahuetes, pistachos, aguacates...Al cocinar siempre es mucho mejor utilizar aceite de oliva ya que al ser monoinsaturado es más estable a temperaturas altas.

 

Dieta rica en ácidos grasos saturados: Los grasas saturadas se encuentran en todo tipo de grasas, pero son más abundantes en las grasas de origen animal, como la carne roja, embutidos, patés, los productos lácteos, la mantequilla.... También existen en los vegetales como en el coco, cacahuete....

Por otro lado, no debemos olvidar que los excesos de hidratos de carbono, sobretodo los refinados (azúcares, incluidos siropes y miel,  las harinas y derivados, pasta, cereales, arroz, patatas…) el organismo los transforma en triglicéridos (es la forma de almacenar ácidos grasos más glicerol) y los almacena en el tejido graso, en los órganos y en las células. Un exceso de triglicéridos afecta negativamente a la salud.

Además se ha de tener en cuenta que ciertos alimentos pueden interferir en el metabolismo (inactivación enzimática) de los ácidos grasos no saturados para producir prostaglandinas. Entre ellos se tienen que destacar los ácidos grasos saturados, ácidos grasos procesados (margarinas, comidas preparadas, bollería industrial…), alcohol, tabaco, exceso de azúcares, estrés, deficiencias de vitaminas y minerales (magnesio, zinc, calcio, vitaminas A, B6, B3, C y biotina), infecciones víricas, aspirina y antiinflamatorios y radiaciones.

 

La Agencia Europea de Salud Alimentaria (EFSA) considera que la cantidad de ácidos grasos omega 3 DHA necesaria para un funcionamiento normal del organismo, está alrededor  de los 250mgr/día, considerándola como la dosis mínima.

En las personas con déficits o con manifestaciones patológicas la dosis tiene que ser superior. La suplementación de Omega3  con concentración elevada de DHA es una forma cómoda, rápida y eficaz de devolver al organismo los niveles adecuados de DHA para recuperar o mantener un óptimo estado de salud.

 

Elegir un suplemento dietético de ácidos grasos Omega 3 que se halla sometido a minuciosos estudios, en donde se halla comprobado la biodisponibilidad real y sus efectos positivos, y con una proporción de DHA elevada es muy importante a la hora de poder conseguir los objetivos terapéuticos marcados.

 

Para cualquier información adicional, póngase en contacto con el Institut Osteopàtic Integral.

 

    

                                                                Juan Manuel Gómez Andrés

                                                     Director Clínico del Institut Osteopàtic Integral 

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* Bibliografía:

-Nutrición Ortomolecular. Cala H. Cervera. 2000. www.calacervera.com

-Recopilación de trabajos científicos de los Laboratorios Brudytechnology.